Hemos podido disfrutar de una jornada con tiempo que ya quisiéramos para todos los domingos del año. Temperatura suave a la salida, 15-16ºC, y un sol radiante en el cielo sin nubes.
Esto es lo que nos hemos encontrado los más o menos 26 txalupas que estábamos en la avda. de Navarra.
El pelotón se ha partido justamente en dos: al equipo A les hemos dejado hablando sobre adonde encaminar sus pasos y nosotros nos dirigimos hacia Ondarreta, disfrutando de la vista del marco incomparable de la Bahía de la Concha.
Tomamos el camino que pasa por el precioso parque Erregenea
y hacemos una paradita en el parking del hotel Leku-Eder. De los trece que estábamos allí, unos deciden continuar por el camino que sale junto al antiguo merendero Valentín, y el resto vamos por la carretera hasta alcanzar el bar Buenavista, donde seguimos por el camino de Santiago (tal y como marcaba la ruta para hoy). Un poco más adelante nos volvemos a juntar con el grupo de los "disidentes".
En un momento dado, Ignacio se separa para ir a la carretera (ya sabemos que no le gusta este camino) y nosotros continuamos, cuando se puede sobre la bici y cuando no, empujándola. Paramos para reparar una avería en un cambio y Enrique nos deja porque su hijo ha salido en el triatlón y quiere estar en la carretera para verle pasar.
Sin ninguna otra incidencia, coronamos Kukuarri, nos hacemos la foto de rigor
y bajamos hacia la cruz de hierro, por donde tenemos pensado bajar hacia la perrera. A la altura del parque encontramos a Enrique. De momento sin noticias de su hijo. En esto que se nos acerca un participante en la prueba pidiendo una bomba que inflar a rueda, que creía había pinchado. El equipo técnico se pone manos a la obra para tratar de solucionar el problema. Pero no es posible: no tenía la rueda pinchada sino que había roto la válvula. Paciencia y a terminar la prueba andando (pues no le faltaba casi nada...!)
Para colmo, el chico había venido desde Asturias a participar en el triatlón (desplazamiento de víspera, hotel, jamada... Con razón se lamentaba de su mala suerte profiriendo toda suerte de maldiciones!
Nos dió tiempo a ver pasar al hijo de Enrique, después de lo cual, seguimos nuestro viaje.
Como se iba haciendo tarde, no completé la ruta por donde habíamos pensado sino que bajé a Igara por el llamado Mortirolo. Qué bien que se va cuesta a bajo en estas malditas rampas...!
Y sin más terminé la mañana bicicletera habiendo disfrutado de un día estupendo, con un tienpo magnífico, una vistas espectaculares (el mar, las montañas,...) y comprobando una vez más la solidaridad de los txalupas con los que sufren algún infortunio.
En un momento dado, Ignacio se separa para ir a la carretera (ya sabemos que no le gusta este camino) y nosotros continuamos, cuando se puede sobre la bici y cuando no, empujándola. Paramos para reparar una avería en un cambio y Enrique nos deja porque su hijo ha salido en el triatlón y quiere estar en la carretera para verle pasar.
Sin ninguna otra incidencia, coronamos Kukuarri, nos hacemos la foto de rigor
y bajamos hacia la cruz de hierro, por donde tenemos pensado bajar hacia la perrera. A la altura del parque encontramos a Enrique. De momento sin noticias de su hijo. En esto que se nos acerca un participante en la prueba pidiendo una bomba que inflar a rueda, que creía había pinchado. El equipo técnico se pone manos a la obra para tratar de solucionar el problema. Pero no es posible: no tenía la rueda pinchada sino que había roto la válvula. Paciencia y a terminar la prueba andando (pues no le faltaba casi nada...!)
Para colmo, el chico había venido desde Asturias a participar en el triatlón (desplazamiento de víspera, hotel, jamada... Con razón se lamentaba de su mala suerte profiriendo toda suerte de maldiciones!
Nos dió tiempo a ver pasar al hijo de Enrique, después de lo cual, seguimos nuestro viaje.
Como se iba haciendo tarde, no completé la ruta por donde habíamos pensado sino que bajé a Igara por el llamado Mortirolo. Qué bien que se va cuesta a bajo en estas malditas rampas...!
Y sin más terminé la mañana bicicletera habiendo disfrutado de un día estupendo, con un tienpo magnífico, una vistas espectaculares (el mar, las montañas,...) y comprobando una vez más la solidaridad de los txalupas con los que sufren algún infortunio.





















