La crónica, por Sparrow
Amantes del ciclismo épico: a las 09:00 horas, un pelotón compuesto por veinte intrépidos bikers tomó la salida en una jornada que prometía emoción, barro y gestas dignas de archivo. Nada más bajar la bandera, el grupo atravesó la simbólica línea de meta de la Behobia, recibiendo los primeros vítores imaginarios del público. El pelotón avanzó compacto hacia Ranitas, donde el valle mostró su primer golpe estratégico: un frío incisivo, como queriendo seleccionar ya a los más débiles.
La carrera entró en terreno serio con la subida a Andatza: larga, constante, sin concesiones. Los rostros se tensaron, los pulsómetros marcaron cifras heroicas. Coronado el puerto, llegó un descenso técnico hacia “la nada”, un tramo en el que el terreno mojado y los charcos amenazaban con provocar cortes en el grupo. Sin embargo, los ciclistas supieron mantener la calma, gestionando cada rueda como auténticos profesionales.
Nueva subida hacia el caserío de los kiwis, y posteriormente, el ansiado avituallamiento al sol: barritas, bebidas, y recuperación del ánimo general. Pero la etapa no daba tregua. Una variante embarrada puso a prueba la destreza del pelotón antes de regresar a la pista del cortafuegos. En ese tramo, drama mecánico: un cambio se rompe. Solución improvisada: marcha fija. El ciclista resiste, heroico, hasta el tren
La extensión final por el anillo y la bajada por la cara norte fue puro espectáculo: senderos resbaladizos, caídas al patatal y emoción hasta Santu Enea, donde el público imaginario ovacionó a los supervivientes. Última parada estratégica en Lorea para recuperar sales.
Un etapón
— Sparrow
La carrera entró en terreno serio con la subida a Andatza: larga, constante, sin concesiones. Los rostros se tensaron, los pulsómetros marcaron cifras heroicas. Coronado el puerto, llegó un descenso técnico hacia “la nada”, un tramo en el que el terreno mojado y los charcos amenazaban con provocar cortes en el grupo. Sin embargo, los ciclistas supieron mantener la calma, gestionando cada rueda como auténticos profesionales.
Nueva subida hacia el caserío de los kiwis, y posteriormente, el ansiado avituallamiento al sol: barritas, bebidas, y recuperación del ánimo general. Pero la etapa no daba tregua. Una variante embarrada puso a prueba la destreza del pelotón antes de regresar a la pista del cortafuegos. En ese tramo, drama mecánico: un cambio se rompe. Solución improvisada: marcha fija. El ciclista resiste, heroico, hasta el tren
La extensión final por el anillo y la bajada por la cara norte fue puro espectáculo: senderos resbaladizos, caídas al patatal y emoción hasta Santu Enea, donde el público imaginario ovacionó a los supervivientes. Última parada estratégica en Lorea para recuperar sales.
Un etapón
— Sparrow
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Amantes del ciclismo épico: a las 09:00 horas, un pelotón compuesto por veinte intrépidos bikers tomó la salida en una jornada que prometía emoción, barro y gestas dignas de archivo. Nada más bajar la bandera, el grupo atravesó la simbólica línea de meta de la Behobia, recibiendo los primeros vítores imaginarios del público. El pelotón avanzó compacto hacia Ranitas, donde el valle mostró su primer golpe estratégico: un frío incisivo, como queriendo seleccionar ya a los más débiles.
La carrera entró en terreno serio con la subida a Andatza: larga, constante, sin concesiones. Los rostros se tensaron, los pulsómetros marcaron cifras heroicas. Coronado el puerto, llegó un descenso técnico hacia “la nada”, un tramo en el que el terreno mojado y los charcos amenazaban con provocar cortes en el grupo. Sin embargo, los ciclistas supieron mantener la calma, gestionando cada rueda como auténticos profesionales.
Nueva subida hacia el caserío de los kiwis, y posteriormente, el ansiado avituallamiento al sol: barritas, bebidas, y recuperación del ánimo general. Pero la etapa no daba tregua. Una variante embarrada puso a prueba la destreza del pelotón antes de regresar a la pista del cortafuegos. En ese tramo, drama mecánico: un cambio se rompe. Solución improvisada: marcha fija. El ciclista resiste, heroico, hasta el tren
La extensión final por el anillo y la bajada por la cara norte fue puro espectáculo: senderos resbaladizos, caídas al patatal y emoción hasta Santu Enea, donde el público imaginario ovacionó a los supervivientes. Última parada estratégica en Lorea para recuperar sales.
Un etapon
— Sparrow
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