La crónica, por Sparrow
En la alborada de este día venturoso, catorce viajeros descendimos del ferrocarril, y allí nos reunimos con otros cuatro camaradas que, llegados a golpe de pedal, fueron apareciendo uno tras otro, como si el destino los entregase en cuentagotas. El clima era benigno, aunque en las alturas el viento, cada vez más díscolo, parecía querer probarnos.
Avanzamos por el valle con cadencia firme, hasta alcanzar la marca del decimotercer kilómetro. Mas he aquí que comenzaba la áspera ascensión hacia la borda: una cuesta larga y costosa que puso a prueba nuestro ánimo. Superado el suplicio, hallamos refugio en aquel paraje, donde dimos buena cuenta del avituallamiento, entre risas y el deleite de un bizcocho azucarado digno de mesa señorial. Permanecimos dentro, pues afuera el viento se mostraba tan incómodo como implacable.
Reanudamos la marcha: algunos caballeros se encaminaron hacia la ermita, otros continuaron directo hasta la parada, desde donde pudieron contemplar, con mirada limpia, las tierras de Berastegui y los pequeños pueblos que lo acompañan. Reunido el grupo, emprendimos la larga bajada, sembrada de piedra suelta y otros menesteres traicioneros, hasta llegar a la entrada de la senda de Josi. Allí nos sorprendió el primer pinchazo. Yo quedé un instante rezagado, y mi grupo se escapó como ciervos ligeros, mas pronto descendí y di con ellos de nuevo.
Los senderos siguientes, tortuosos y caprichosos, nos guiaron hasta el canal de la izquierda, donde sorteamos pasos arduos y nos encontramos con los otros compañeros, cuya reparación se había complicado. Allí, provocados, aceptamos la carrera: mi grupo por la vía fácil, los de Sebas por el canal. Y, ay, nuevamente fueron ellos los vencedores. Más adelante, otro pinchazo resolvimos con aire de compresor. Finalmente, cada cual alcanzó Trek por diferentes caminos, y bajo el sol gozamos de grata compañía.
Averías: dos pinchazos. Incidentes: varios, sin mayor daño.
Saludos
Avanzamos por el valle con cadencia firme, hasta alcanzar la marca del decimotercer kilómetro. Mas he aquí que comenzaba la áspera ascensión hacia la borda: una cuesta larga y costosa que puso a prueba nuestro ánimo. Superado el suplicio, hallamos refugio en aquel paraje, donde dimos buena cuenta del avituallamiento, entre risas y el deleite de un bizcocho azucarado digno de mesa señorial. Permanecimos dentro, pues afuera el viento se mostraba tan incómodo como implacable.
Reanudamos la marcha: algunos caballeros se encaminaron hacia la ermita, otros continuaron directo hasta la parada, desde donde pudieron contemplar, con mirada limpia, las tierras de Berastegui y los pequeños pueblos que lo acompañan. Reunido el grupo, emprendimos la larga bajada, sembrada de piedra suelta y otros menesteres traicioneros, hasta llegar a la entrada de la senda de Josi. Allí nos sorprendió el primer pinchazo. Yo quedé un instante rezagado, y mi grupo se escapó como ciervos ligeros, mas pronto descendí y di con ellos de nuevo.
Los senderos siguientes, tortuosos y caprichosos, nos guiaron hasta el canal de la izquierda, donde sorteamos pasos arduos y nos encontramos con los otros compañeros, cuya reparación se había complicado. Allí, provocados, aceptamos la carrera: mi grupo por la vía fácil, los de Sebas por el canal. Y, ay, nuevamente fueron ellos los vencedores. Más adelante, otro pinchazo resolvimos con aire de compresor. Finalmente, cada cual alcanzó Trek por diferentes caminos, y bajo el sol gozamos de grata compañía.
Averías: dos pinchazos. Incidentes: varios, sin mayor daño.
Saludos
Sparrow
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En la alborada de este día venturoso, catorce viajeros descendimos del ferrocarril, y allí nos reunimos con otros cuatro camaradas que, llegados a golpe de pedal, fueron apareciendo uno tras otro, como si el destino los entregase en cuentagotas. El clima era benigno, aunque en las alturas el viento, cada vez más díscolo, parecía querer probarnos.
Avanzamos por el valle con cadencia firme, hasta alcanzar la marca del decimotercer kilómetro. Mas he aquí que comenzaba la áspera ascensión hacia la borda: una cuesta larga y costosa que puso a prueba nuestro ánimo. Superado el suplicio, hallamos refugio en aquel paraje, donde dimos buena cuenta del avituallamiento, entre risas y el deleite de un bizcocho azucarado digno de mesa señorial. Permanecimos dentro, pues afuera el viento se mostraba tan incómodo como implacable.
Reanudamos la marcha: algunos caballeros se encaminaron hacia la ermita, otros continuaron directo hasta la parada, desde donde pudieron contemplar, con mirada limpia, las tierras de Berastegui y los pequeños pueblos que lo acompañan. Reunido el grupo, emprendimos la larga bajada, sembrada de piedra suelta y otros menesteres traicioneros, hasta llegar a la entrada de la senda de Josi. Allí nos sorprendió el primer pinchazo. Yo quedé un instante rezagado, y mi grupo se escapó como ciervos ligeros, mas pronto descendí y di con ellos de nuevo.
Los senderos siguientes, tortuosos y caprichosos, nos guiaron hasta el canal de la izquierda, donde sorteamos pasos arduos y nos encontramos con los otros compañeros, cuya reparación se había complicado. Allí, provocados, aceptamos la carrera: mi grupo por la vía fácil, los de Sebas por el canal. Y, ay, nuevamente fueron ellos los vencedores. Más adelante, otro pinchazo resolvimos con aire de compresor. Finalmente, cada cual alcanzó Trek por diferentes caminos, y bajo el sol gozamos de grata compañía.
Averías: dos pinchazos. Incidentes: varios, sin mayor daño.
Saludos,
Sparrow
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