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domingo, 23 de noviembre de 2025
Habrá cena de navidad Txalupa el 28 de Noviembre
Será en la Sociedad Istingorra, fundada en 1931, que está situada en el número 9 de la calle que lleva su mismo nombre en el barrio de El Antiguo (Donostia).
Salimos unos veintitrés, que ya es un buen pelotón para un día que, después del agua de jornadas anteriores, parecía un regalo del cielo: cálido, seco y con ese olor a monte recién escurrido. Llegamos a Lezo y, sin perder tiempo, primer pregón del día. Y así, claro, se nos fue la mañana: pregonando a gusto, como si fuera parte obligatoria del calentamiento.
En ese punto llegó la primera bifurcación. Los de Sebas, más carreteros, tiraron por asfalto hacia el cortafuegos. Los míos, solo siete, preferimos los caminos de abajo: terreno variado, barrillo por aquí, hojas por allá, alguna piedra traicionera… lo normal. Aun así, aparecimos en el gran cruce prácticamente a la vez. Seguimos todos por la parte baja hacia Guadalupe, por esa pista arenosa adornada con setas y hojas otoñales que hacen que el paisaje parezca una postal sin filtros.
En Guadalupe los Sebas ya insinuaban atajo, ruta más corta… casi nos convencen, pero el cuerpo nos pedía mar. Y para allá que fuimos: subida por la pista de arriba hasta Justiz y luego siguiendo a Lucía, que con su gracia habitual consiguió perdernos y reencontrarnos como si fuera parte del plan. Desde allí, senderos verdes hasta el Barco Hundido, con unas vistas del mar y la costa que obligan a parar aunque no quieras. Después, vuelta bordeando la costa hasta el molino, avituallamiento rápido y la subida larga de nuevo hacia Guadalupe.
Continuamos por el cortafuegos y, al llegar al gran cruce, se dividió el grupo: los de las prisas siguieron a su ritmo; el resto bajamos por los caminitos hacia Lezo, que estaban húmedos pero con un agarre excelente. Desde Lezo, con amor, regresamos a los jubis de Intxa a celebrar el cumple de Antonio. Eran las dos: ruta no muy larga, pero bien aprovechada.
Averías, las justas. Incidentes, solo los que nos dio la gana.
1 comentario:
Salimos unos veintitrés, que ya es un buen pelotón para un día que, después del agua de jornadas anteriores, parecía un regalo del cielo: cálido, seco y con ese olor a monte recién escurrido. Llegamos a Lezo y, sin perder tiempo, primer pregón del día. Y así, claro, se nos fue la mañana: pregonando a gusto, como si fuera parte obligatoria del calentamiento.
En ese punto llegó la primera bifurcación. Los de Sebas, más carreteros, tiraron por asfalto hacia el cortafuegos. Los míos, solo siete, preferimos los caminos de abajo: terreno variado, barrillo por aquí, hojas por allá, alguna piedra traicionera… lo normal. Aun así, aparecimos en el gran cruce prácticamente a la vez. Seguimos todos por la parte baja hacia Guadalupe, por esa pista arenosa adornada con setas y hojas otoñales que hacen que el paisaje parezca una postal sin filtros.
En Guadalupe los Sebas ya insinuaban atajo, ruta más corta… casi nos convencen, pero el cuerpo nos pedía mar. Y para allá que fuimos: subida por la pista de arriba hasta Justiz y luego siguiendo a Lucía, que con su gracia habitual consiguió perdernos y reencontrarnos como si fuera parte del plan. Desde allí, senderos verdes hasta el Barco Hundido, con unas vistas del mar y la costa que obligan a parar aunque no quieras. Después, vuelta bordeando la costa hasta el molino, avituallamiento rápido y la subida larga de nuevo hacia Guadalupe.
Continuamos por el cortafuegos y, al llegar al gran cruce, se dividió el grupo: los de las prisas siguieron a su ritmo; el resto bajamos por los caminitos hacia Lezo, que estaban húmedos pero con un agarre excelente. Desde Lezo, con amor, regresamos a los jubis de Intxa a celebrar el cumple de Antonio. Eran las dos: ruta no muy larga, pero bien aprovechada.
Averías, las justas. Incidentes, solo los que nos dio la gana.
Saludos,
Sparrow
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